Esta semana tenemos tema común en el Reto y como anuncia el título debemos tratar sobre las marcas que nos marcaron. Hubo un tiempo en que tener una marca, cualquier marca, significaba realmente una diferencia. Hoy, todo lo que llevamos puesto es de marca, hasta la ropa interior (o especialmente la ropa interior, según el caso...). Vamos a hacer un viaje al pasado entonces, a la España de los 80 que empezaba a conocer las mieles del capitalismo (luego en el 92 llegaron las hieles)...
Creo que la primera marca que recuerdo está asociada a la playa, a un balón enorme y azul. Cuando aparecía una avioneta en el horizonte todos los chavales nos lanzábamos corriendo al agua por si acaso era de las que soltaban fantásticos balones de playa de NIVEA. Creo que en realidad nunca nadie consiguió jugar a nada con una pelota que se la llevaba el viento cada dos por tres, pero la alegría de ver como la avioneta soltaba los paquetitos y volver a la sombrilla con una en la mano era gloriosa.
Otra marca que tengo memorizada desde niño es BIMBO. La fábrica de Madrid estaba justo enfrente de donde trabajan mis padres, y era frecuente que mi madre trajera alguna bolsa con DUPIS, TIGRETONES, PANTERAS ROSAS o BONYS. Eran sencillamente perfectos para el cola-cao de la merienda...
Siguiendo con el tema alimentario (o sucedáneo) estaba también la chuchería básica. Desde aquí podías subir a los fresquitos, bajar a los drácula a 1 peseta, ir de bohemio con las nubes o innovar con las gominolas de melón, pero para mí la medida de todas las cosas era el KOJAK...
Para cerrar con las chucherías, me acuerdo especialmente de tres alimentos básicos de todo niño y que para mi lo eran especialmente también porque sus marcas aparecían dibujadas con sendos superhéroes. Por supuesto estoy hablando de los increíbles FLAX, los contundentes PHOSKITOS y los larguísimos BOOMER:
Dejando atrás esas primeras y sencillas marcas al alcance de todos los niños (al menos en mi barrio), vamos a adentrarnos ahora en un mundo difícil, donde las marcas empezaban a crear distancias y fomentar diferencias. Sí, amigos, hemos llegado a la adolescencia.... Recuerdo que todo empezó por los pies. De repente, era MUY importante que tus zapatillas de deporte fueran de marca. Pero además, de marca de verdad. La palabra más temida en los recreos era... IMITACIÓN. En este campo, y al menos al principio, las cosas eran sota, caballo y rey, es decir CONVERSE, REEBOK y NIKE.



Recuerdo algunos traumas al respecto, como cuando mi madre me trajo unas J'HAYBER, porque era el patrocinador del equipo de tenis del Banco Santander y se las daban gratis. "Sí, mamá, pero, pero..." Nada. Las madres eran insensibles a estos argumentos tan finamente elaborados. Irónicamente, muchos años después coincidí con el el fundador de J'HAYBER en un consejo de administración donde nos daba cuenta de su amplia experiencia empresarial (aunque no preguntaras, eh ; ). Siempre me quedé con ganas de contarle esta anécdota...
El caso es que el país y mi familia progresaban y llegó el día en que por fin tuve mis primeras NIKE, las Air Plus Pegasus (Plus, eh):
Con esto ya eras alguien, corrías más rápido, saltabas más lejos, le dabas más fuerte al balón. Desde esas Nike, la verdad es que ya no paré de tener zapatillas de marca "de verdad", hasta que que toqué el cielo con las mejores zapatillas que nunca se hicieron y nunca se harán: las Nike Air Jordan VI:
Después de tener estas zapatillas comprendí que todo lo demás sería ir cuesta abajo. Así que poco después de tenerlas, decayó mi interés por las zapatillas de deporte...
En cuanto a las marcas de ropa, llegaron (a mi limitado universo) un poco más tarde. Las cosas aquí también eran sencillas. Para mí, me contentaba con LEVI's como pantalón y camisa y un jersey LACOSTE. Luego estaban CHEVIGNON, PRIVATA, CHIPIE... pero eso ya se salía de lo que mi madre estaba dispuesta a gastarse en el corte inglés...
Ya en plena adolescencia, recuerdo que mi uniforme básico eran los LEVI'S o los BUENOS LIBERTO como pantalones y PANAMA JACK o CAMPER en los zapatos. Con las camisas me permitía improvisar en plan Parker Lewis. La vida era sencilla...
Por último, la última marca que realmente me marcó, fue cuando entré a la universidad, con el pavo más o menos resuelto. Recuerdo que todo el mundo llevaba la marca del caballito, POLO. Especialmente en ICADE era como una marea (junto con los náuticos) de la que no podías escapar y a la que al final, sucumbías...